Pues así no
podemos seguir. A mi marido
le entró un
furor sangriento que nunca había tenido.
¡No sé qué
mal de ojo le hicieron en España!
¡Es Castilla
que aceda las uvas del champaña!
¡Son los
autos de fe que hace la Inquisición!
¡Y las
comedias de Don Pedro Calderón!
La marquesa Rosalinda, Ramón del Valle-Inclán
Entre finales del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX asistimos a tiempos llenos de contrastes y cambios, aderezados con guerras diversas. Se radicalizan las ideas tanto hacia la extrema derecha como hacia la extrema izquierda (seguro que esto les suena, pues lo que vivimos hoy se aproxima bastante a convertirse en una reproducción actualizada de aquello). Pero sin duda, es la mujer quien más cambios experimenta durante este tiempo. De ser el ángel del hogar pasa a ser la principal mano de obra en las fábricas y a reivindicar sus derechos, para volver a ser de nuevo el ángel del hogar, pero con muchas más restricciones morales en lo referente a su capacidad de actuación.
En este contexto, ideologías como el anarquismo cobran gran importancia y suponen un soplo de aire fresco y un punto de apoyo importante para las mujeres. Prueba de ello son los liberatorios de prostitución que se dedicaron a cerrar burdeles e instruir a las mujeres para que pudiesen llevar una vida digna. Sin embargo, con el auge y el triunfo de los fascismos, todo eso se vino abajo y la mujer volvió a ser una especie de sujeto pasivo bajo las órdenes del género masculino.
